Estoy preocupado porque llevamos abundando desde el blogssss tanto en el tema de los güevos que, de seguir así, nos va terminar subiendo el colesterol hasta límites insospechados.Primero dijo no conocer de nada a los responsables de la trama Correa que, casualidades de la vida, están en la cárcel acusados de llevar a cabo una fruslería de nada. (En la imagen vemos "al bigotes", ese oscuro objeto del deseo en sus buenos tiempos del tupé, porque ahora dicen que anda un pelín desmejorado).
Después no sólo se conocían sino que se hablaban en términos de conocerse poco menos que en sentido bíblico: “amiguito del alma, te quiero un güevo”.
Luego que si, por supuesto, los trajes me los pagué yo, que los pagué en metálico un día fui a Madrid (pongamos que hablo de Madrid, dice la canción) y que no guardo las facturas. Después resulta que, al parecer, se pagaron por transferencia, a cargo de las empresas de “la trama” y el día que dije ir a Madrid, digo diego porque tenía actos públicos en la Comunidad Valenciana.
Más tarde, que esto de los trajes es como las anchoas que el Presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, regala al Presidente del Gobierno por navidad (por cierto, también a Rajoy) y que, por tanto, hasta que no dimita Zapatero, Camps, por el mismo motivo, no tiene que dimitir.
Ayer Antonio Basagoiti Pastor, se despachaba diciendo que las acusaciones que se imputan al presid…. Camps “son una gilipollez”.
Podemos pintar el perro de verde pero….se seguirá diferenciando bastante de una rana.
Pero el problema no es de los trajes ni de su valor; la historia apunta hacia otro lado:
A todos los políticos hay dos virtudes que la ciudadanía les exige: la honradez y la honorabilidad. Y cuando se pasan por el forro de sus caprichos cualquiera de ellas, lo que tienen que hacer es largarse (a no ser, claro, que tengan más cara que el cemento armado).
La primera tiene que ver con la gestión transparente y justa de los recursos. Vamos, que no se meta la mano en la caja y que, ni para sí ni para los suyos, se tengan “privilegios o favores”.
El honor alude más a la fiabilidad de la palabra dada, a la coherencia e integridad que supone ser una persona de palabra. Y eso es incompatible con la mentira, al igual que no se puede soplar y tragar al mismo tiempo (aunque algunos tengan unas amplias tragaderas, pero eso es tema de otro cantar).
Por eso, quienes quieren defender a este “curita” (como parece ser que dicen llamarle aquellos cercanos objetos amorosos que se jactaban de quererle un güevo) están, en mi opinión, errando de cabo a rabo para intentar convencernos de que pintándole los ojos a una “gula” se convierte, ipso facto, en una “angula” de Aguinaga.
Además, con todo lo que les gusta largar a los políticos, ¿cómo se entiende que el silencio sea la medida oficial impuesta por el PP sobre el tema?





